La lluvia, intensa, caía con fuerza sobre su cuerpo, de nuevo cogió su espada con fuerza y dedicó una seria mirada durante varios segundos a su oponente. El maestro cargó contra ella, pese al mojado estado de la tierra, él se movia con agilidad. La muchacha se preparó para el ataque. Afianzó el pie izquierdo en el barro, intentando crear así un punto con el cual ofrecer mayor resistencia y mantener de este modo su posición.

Empuñando su arma aguantó la carga del maestro, el entrechocar de las armas apenas se escuchaba con el ruido de la tormenta, pero la jóven no se dio cuenta, tan solo escuchaba su agitaba respiración, tenía claro qué tenía que vencer al maestro, no había estado entrenando para que de nuevo la dejase mal y, llegase a la casa con aire de superioridad.

El combate se alargó varios minutos más, la jóven, no cedía terreno, utilizando el pie afianzado en el barro mantenía su posición, usando todo su cuerpo a la par que pibotaba con la pierna derecha estaba consiguiendo que el maestro trastabillase. Al fín, en un momento en el que el maestro tuvo un pequeño resbalón, la muchacha encontró una brecha en su defensa, y atacó.

El hombre calló al barró, dejando así de un color marrón la ya manchada y mojada armadura. La jóven esbozó una pequeña sonrisa, pero la eliminó de su rostro mientras se acercaba al maestro, con su espada, apuntó al pecho del hombre y lo miró tumbado. –Vas mejorando,pero aún no es suficiente.- La chica se apartó, envainó su espada en su funda y se la colocó en la espalda, se llevó una mano a la cabeza, tocando su pelo; estaba mojado, de hecho, estaba calada, pero eso poco importaba. Echó mano a la capucha y se tapó la cabeza, echando a andar hacia la casa.

Al cabo de un rato de andar se podía ver la imponente verja de la casa, al poco el maestro la alcanzó. Llegaron a las puertas, Anasthasia, sin poder evitarlo, esbozó una sonrisa de complaciencia mientras observa la gran M grabada en el inmenso portón.
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