Nada hacía presagiar que ese anodino día de otoño le traería tal sorpresa a vuelta de correo.

No conocía al remitente. No le resultaba familiar, en absoluto.

¿Podría estar sir Arthur tras esa oferta? ¿Pensaría en ella? ¿Le importaría su suerte, acaso?

Con ansiedad leyó y releyó la parca nota.

Se la citaba para una entrevista laboral en una remota localidad. No se especificaba a qué puesto optaba, ni las condiciones de trabajo, ni el salario a percibir...

Únicamente lugar, día, hora; qué medios de transporte la llevarían hasta allá y una sola referencia:

Markov

"Por acudir... pierdo... tiempo y dinero.- Reflexionó- Pero invierto en experiencia."

Repasó más de diez veces el sencillo billete de respuesta, en el que confirmaba su asistencia, y lo envió al mediodía siguiente.

Disponía de margen suficiente como para dejar arreglados sus asuntos. Procuró entonces no cerrarse las puertas por si regresaba. También se preparó para el trayecto, que era largo.

Una semana después, con el alba, inició su viaje hacia la aventura.

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Familiares y conocidos