- ¡Un paquete de Papá! –una pequeña niña abrió las puertas de la casa, mientras su madre salía con el rostro arrebolado, mezcla de sorpresa y alegría.
- Tranquila, Paulinne – Otros dos niños dejaron rápidamente sus tareas. Se acercaron a su madre. Incluso la pequeña casa, construida según las costumbres, pareció recogerse en torno a la familia con sus tonos marrones y su olor a comida casera.

Querida Gwen,

Te escribo desde Gilneas, en tierras de Genn Cringris. El negocio va viento en popa, ya no tengo problemas con el sr Karl Markov, ese viejo que me hacía la competencia. Hemos llegado a un acuerdo, y ahora nos repartimos el mercado. Os echo mucho de menos, Gwen, no os mando aún el dinero porque confío reunir una gran cantidad estos días que quedan, y sé que aún os resta suficiente, siempre has sabido administrarlo bien.

Sí que os mando un pequeño detalle, una parte de mí. Disfrutadlo.



La mujer abrió el paquete. Las vocecillas de sus hijos corearon con entusiasmo mientras ella se giraba, mostrándoles un pastel horneado ya frío por el viaje.

- ¡Envía uno de sus platos! – exclamó a los hijos, animándoles. – Extraño, nunca ha sabido cocinar muy bien – pensó para sí misma.

Partió el pastel en varios pedazos, y sirvió a sus hijos. Se sentó, y permitió a los niños empezar la cena, mientras en su mente las últimas palabras se repetían enigmáticas: "una parte de mí. Disfrutadlo."

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