- ¿Lo escuchas? ya llega...respira profundamente. Tengo la firme convicción que será niño.
Dijo Bêrtrand mientras con una calma glacial y un gesto algo feral se arrodillaba y husmeaba el vientre de la aterrada mujer que yacía en el suelo.
- Piensa que será como ir al baño...sí, lo sé, es una comparativa muy poco afortunada, pero no por ello menos acertada. Me lo enseñó mi padre, yo para él soy una mierda: fruto de sus entrañas pero una vez subidos los pantalones de nuevo...bueno...entonces tengo que pelearme solo por el respeto en la letrina.
El hijo de Karl Markov sonrío de medio lado al comprobar que se acercaba el desenlace. Alzándose se apartó ligeramente y con el reverso del antebrazo se cubrió parte de la faz.
Los chillidos se hicieron con la estancia, el sudor frío impregno el suelo y las uñas de la mujer dejaron un surco en la madera de la habitación.
Un húmedo estallido consiguió el cese definitivo de la algarabía. El joven abandonó la habitación con paso lento a la vez que dejaba en el aire, socarrón:
- Me equivoqué de semilla...resulta que ahora fecundación y corrupción no son lo mismo. Bueno, sea como fuere, acuérdate de pagar lo que debes a los Markov en otra vida.